London...not calling

No puedo estar más feliz de estar de vuelta de Londres, no por haber estado en Londres, sino por estar de vuelta. ¿Pero quién inventó el turismo de invierno? ¿A quién se le ocurrió? En invierno sólo se puede ir de las Canarias para abajo, lo demás es un suicidio. Te preguntan qué tal el viaje y lo único que se te ocurre decir es QUÉ F-R-Í-O una y otra vez.

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El caso es que iba por trabajo y lo alargué por turismo pero me hago mayor, me hago mayor por días, por momentos me atrevería a decir. Me he dado cuenta que ya no me hace gracia el lavabo con dos grifos (uno con agua congelada y otro con agua que te escalda ¿cómo actúa una ante semejante tesitura?), la omnipresente salsa marrón sobre la comida (los olores de Spitafields, antaño trendy y cool para mi, hoy me obligaban a caminar con un guante en la boca) y el perenne peligro de morir atropellada (cruzar la calle me supone tortícolis de mirar a un lado y a otro a la velocidad de un colibrí para no morir como torcaz).

En realidad seguramente todo se deba al mal humor que te causa el frío intenso, porque el Consorte me preguntaba cómo demonios había sobrevivido allí dos años y yo le explicaba que cuando estuve no hacía frío, apenas llovía y engordé unos 5 kilos comiendo deliciosa mantequilla con pan. ¿Cómo es la memoria que filtra los recuerdos malos eh?

Abrazos,
La Condesa que en primavera cambiará de opinión sobre el mundo.

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